ÉL CRECE, Y YO…

Y en mis brazos mientras duermes veo la luna caer, en tus ojos de sabores y de color café.
Agarrado a mi pecho suele suceder, que te sientes refugiado, guarecido y sin padecer.
Yo aguanto el aliento mientras tu respiración, se convierte en la mía sin prisa ni agitación.
Así llegó tu momento de con mamá estar y de que tu sudor frío se mezcle con mi pesar.
Pesar por saber que el tiempo nos va a arrebatar, este vínculo que la teta tras nacer tú, dio lugar.
Grietas y sangre corrió para darte este alimento, que ahora se convirtió en profundo amor y lamento.
Lamentas tú cuando no lo tienes y te lo niego.
Lamento yo porque creces y se acerca ese momento.
Mi consuelo final: saber que esa unión dará paso a otra diferente, que también va a ser fuerte porque se traduce en amor.
Amor de una madre que sangra, lucha y muere por ese su otro corazón.
Corazón que ahora vaga suelto, loco y lleno de emoción por conocer un mundo también lleno, pero de odio y rencor. Por eso no soltaré tu mano en ninguna situación y me tendrás a tu lado tomes cualquier decisión.

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