NO APRENDO I

Hay una canción que dice: “la vida es un carnaval y las penas se van cantando”, pues qué queréis que os diga, que no estoy de acuerdo. Yo creo que la vida es un circo y las penas no se van ni a tiros porque una y otra vez volvemos a cometer los mismos errores. Y no, hoy no me voy a poner trascendental y a hablar de errores vitales. Hoy voy a hablar de una de esas pequeñas piedras en el camino en las que tropezamos más de una vez y que joden. No, no, en mayúsculas: JODEN.

Os preguntaréis cuándo tuve yo esta reflexión… Os vais a quedar de piedra… La tuve en el gimnasio, que puede ser aparentemente un lugar para tropezar literalmente, pero no, no… Me di cuenta en el momento en que el entrenador dijo: “tumbaos en la colchoneta boca arriba”. Y allí estaba… La puñetera coleta de los c***nes clavándose. Y es que para ningún lado está una a gusto, porque se sigue clavando y si no acabas con la cabeza mirando para un lado. Por no hablar de cuando puedes llegar a aguantar la postura en un equilibrio mortal del cráneo sobre la coleta y tienes que mover la cabeza para ver bien qué narices hace el profesor porque aunque él lo diga en voz alta es que de verdad, o lo veo o no me entero (y ahora con mascarilla que no entiendo ni al panadero, pues ya me contaréis). Al final la coleta la bajas o la subes pero acabas sin poderte centrar en el ejercicio. Acabas tan hasta el moño (que puede también aplicarse a esta historia) así que mirad… A TOMAR POR C**O. Te quitas la coleta. Y ooooh, qué felichitá te invade y piensas:”ale, majo, mándame todos los ejercicios que quieras ahora que me siento una diosa del Olimpo y te hago lo que quieras”.Pues justo en ese momento… ¡Zasca! “Ponéos todos de pie, venga”. ¿¡CÓMO!? ¿Y exponerme públicamente en este momento? . Exponer ese pelo terrible que revela la lucha encarnizada y absurda que acabo de tener… De manera inconsciente miras a las demás deseando ver ese abultamiento en sus cabezas que suponga una igualdad de vergüenzas, pero, mágicamente NO LAS HAY. Y te alisas el pelo con la mano al mismo tiempo que estiras todo lo estirable. Y es cierto, todo se estira menos ESE pelo…
Y en verdad esto es una gilipollez que sobre todo sirve para nada. Una de tantas. Pero espero al menos haber sacado alguna sonrisa.
Hay muchas otras cosas que joden mogollón y que son igualmente absurdas, pero os las contaré en otro capítulo si os apetece.

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