Dentro de mí

Al habla la verdadera Noah.

Y aunque ya hayan pasado dos años de lo ocurrido no me siento capaz de decir que la herida haya sanado. Realmente no creo que pueda hacerlo nunca, porque cuando parece que vaya a cicatrizar, vuelve a supurar de nuevo al ser recordada.

Hoy me gustaría contaros mi experiencia. Y la quiero dejar plasmada aquí por dos razones fundamentales: una, porque es una buena forma de desahogar. Y dos, porque no es algo exclusivo mío, hay muchas mujeres que lo sufren y lo hacen muchas veces más en silencio de lo que la vida actual en pleno siglo XXI puede soportar. Porque sí, por muy modernos que pensemos que somos, hay muchos temas que siguen siendo tabú. Hay temas incómodos, temas tristes y creo que se infravalora muchísimo la tristeza y el duelo. Sabemos estar en las risas, pero nos cuesta terriblemente estar en los llantos. Nos cuesta afrontar los bajos, incluso sin ser nuestros. Nos cuesta escoger las palabras, cuando en ocasiones simplemente no hacen falta, porque el silencio de una mano amiga o de un hombro cercano dicen mucho más.

Suele ocurrir esto de que nunca pensamos que las desgracias nos vayan a ocurrir a nosotros. Pero también estamos en el bombo de la lotería, y en ocasiones nos toca. Y cuando nos toca no queremos que se sepa. Nos sentimos, no solo desdichados, sino decepcionados con nosotros mismos y con nuestra suerte, y tememos ver en la mirada de los demás esa misma decepción. Tememos ver en los otros el reflejo de nuestro propio pensamiento. Porque ocurre al contrario de lo que se suele decir de los sueños: cuando se cuentan no se harán realidad; pero en estos casos, cuando la realidad se cuenta, se hace aún mucho más real, aún mucho más patente.

La misma noche que me enteré de lo que me había ocurrido, quise escribirlo. En mi mente las palabras sonaban claras y ordenadas, pero a la hora de plasmarlas por escrito la cosa fue muy distinta. Apenas acertaba a construir una frase con cierta lógica. Así que al final, y tratando y tratando de darle forma a mi cúmulo de sentimientos, solo alcancé a escribir esta frase: “Te creaste dentro de mí, te fuiste dentro de mí. Y al final todo queda dentro, como el dolor”.

Supongo que con esa frase os podéis ya figurar qué fue lo que me pasó. Pero si no lo sabéis creo que debería utilizar la expresión adecuada: sufrí un aborto.

Y no, nunca pensé que me iba a tocar a mí. ¿Y qué pasa cuando sufres un aborto sin quererlo? ¿O incluso sin saberlo? porque en mi caso, él o ella ya no latía en mi interior desde hacía unos días. ¿Qué pasa? Pasa de todo y no pasa nada al mismo tiempo. ¿Por qué no pasa nada? pues porque desde el mismo instante en que el médico te lo comunica, él se encarga de decirte que “no pasa nada”, y esa frase te acaba golpeando una y otra vez.

No pasa nada porque: “eres muy joven”, porque: “es mejor que haya sido así”; porque: “mejor ahora que más adelante”; porque: “ya vendrá otro que esté mejor”; porque: “bueno, al menos ya tienes una hija”; porque: “les pasa a muchas mujeres”; porque, porque, porque y miles de ellos que no, no ayudan. ¿Y por qué? Porque tú, en este caso yo, ya lo amaba con todo mi ser. ¿Y por qué? Porque es inevitable, porque sale solo, porque desde el minuto cero, desde que sale la segunda rayita en ese test, ese pequeño garbancito ya es tu hijo. Y por eso, es una pérdida que duele.

Al día siguiente de lo que me ocurrió conseguí escribir otra frase: “Tengo una cicatriz en el alma. De esas que no tienen cura, de esas que en silencio no callan”.

Y antes dije que cuando sufres un aborto también pasa de todo. Porque en tu mente te preguntas qué fue lo que hiciste mal; qué fue lo que comiste, o cogiste o hiciste, o… un largo etcétera de acciones que repasas una y otra vez para poderte culpar. Porque necesitas encontrar la causa, la fuente, la culpa. Fijar tu odio y/o tu tristeza en algo lo hace más llevadero. Pero es inútil, ya te has culpado mil veces a ti misma a pesar de no tener culpa. Has culpado a tu cuerpo y te sientes traicionada por él, por habértela jugado de esta forma y entras en un dilema contra tu propio ser. Pero ahí estará el mundo para decirte que “no pasa nada”. Pero sí pasa. Lo que es indudable que pasa es el tiempo. Y a pesar de que sea un sentimiento que siempre se lleva dentro, acabas pudiendo ordenar las palabras, escribirlas y pasar… pasar página. Pero la página anterior, por mucho que se pase ya ha quedado escrita.

La vida da muchas vueltas. Tantas que hace dos años maldecía y ahora doy las gracias. Gracias por poder tener a mi querido bebé en brazos. Mi bebé arcoiris. Pero ese bebé estrella cuya luz se apagó siempre resplandecerá en mi recuerdo y en mi corazón.

Un comentario sobre “Dentro de mí

  1. De verdad que lo siento mucho. El duelo se infravalora muchísimo. Hoy nos hemos acostumbrado a ignorar a la muerte pero la dama de negro forma parte de nuestra propia vida. Caminamos con ella delante y no la vemos, creemos que no va a llegar nunca. Por eso hoy en día pensamos que siempre hay que estar alegres y que el duelo no ocupa ningún lugar.

    Tu bebé ten por seguro que está al lado de Dios. Algún día le volverás a ver y a sentir y podrás abrazarle. Mi consuelo vaya contigo.

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