EL SEÑOR DE NEGRO

Durante varios años de mi infancia me atormentó aquel señor de negro con sombrero a juego de ala tan ancha que ocultaba su rostro. Yo solía dormir boca abajo y él me destapaba lentamente acariciando mi espalda de arriba abajo dejándome un sudor frío por todo el cuerpo. Me mortificaba cada noche, hasta que sin más dejó de hacerlo. En cambio, una noche en la que yo ya contaba con la edad de 19 años volvió a visitarme en medio de una parálisis del sueño. Se agachó lentamente, se levantó un poco el sombrero y pude ver unos espeluznantes y desbocados ojos grandes acompañados de una boca que me sonreía en una mueca de horror sabiendo que yo, en mi obligada quietud no iba a poder dejar de mirarla. Yo pugnaba por salir de aquel estado pero mi cuerpo no me respondía, y observaba con pánico añadido como él elevaba el brazo para acariciarme la espalda como hiciera cuando yo era pequeña…

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