Está en ti

Al habla Noah.

Muchas veces me he paseado por el vasto mundo de Internet para encontrar ideas sobre las que escribir y me he dado cuenta de la cantidad de gente que escribe. Mejor dicho, de la cantidad de gente a la que le gusta escribir. Porque también hay personas que escriben por obligación y que no disfrutan en absoluto haciéndolo (como muchas actividades que realizamos día a día y que no nos apetecen, pero oye, como que hay que hacerlas).

Yo recuerdo que cuando era pequeña iba en el metro (sí, en mi caso gran parte de mis mejores recuerdos e historias están enclavados en medios de transporte) y había un señor de mediana edad que llevaba una gabardina marrón y un sombrero. Pero nada de eso me llamó tanto la atención como el hecho de que en sus manos sostenía un pequeño libro ya deslucido en el que estaba escribiendo. De vez en cuando alzaba la vista y volvía a escribir. Pero la parsimonia con la que lo hacía, el movimiento perfectamente acompasado de su muñeca acariciando el papel… todo eso me transmitía paz (que años adelante llamaría “zenitud”).

Le pregunté a mi padre qué estaba haciendo ese señor. Él me contestó que parecía ser escritor y que tenía que escribir rápidamente lo que se le ocurriera para que no se le escapara la inspiración. Y de repente aquel señor me miró. Me sonrió y escribió. Me sonrojé. Me puse nerviosa… ¿Acaso estaría yo formando parte del inspirador mundo de aquel hombre? Y a pesar de que no supe responder a esa pregunta me sentí especial, y a mí, que desde pequeña me había gustado escribir, me maravilló la idea de ir siempre con un libro en blanco al que dar color, dar vida.

Pero nunca lo hice… Nunca tuve ese libro. Nunca escribí mis ideas. Nunca fui ese señor. Porque con el paso del tiempo siempre tenía algo “mejor que hacer” en el transporte público que, además, nunca resultaba ser realmente “mejor”, pues siempre se trataba de algún libro que me obligaban a leer, algo de deberes que me obligaban a hacer… Obligaciones, obligaciones. Malditas obligaciones…

Pero llegó un momento en mi vida en que tuve una hija y vi en sus ojos la admiración, admiración hacia mi persona, la cual no alcanzaba a comprender, pues no me consideraba nadie especial. Entonces lo supe, lo sentí. Esa niña me miraba con admiración porque para ella cualquier cosa que hiciera era un mundo, pero sobre todo lo que entendí es que yo quería que ella me mirara con orgullo. No por haber hecho muchas cosas, pues la medida de los niños es muy generosa en muchas ocasiones, sino por estar siendo feliz y por estar haciendo algo que me hiciera feliz. Esa niña necesitaba una madre feliz y plena consigo misma. Por eso me puse a escribir. Ya no en el libro en blanco de aquel señor, sino en la aplicación “notas” del móvil, pero con el mismo propósito.

Un día, no hace tanto tiempo, me senté en el metro, recordé aquel momento, abrí la primera nota en blanco y tecleé. Y comencé a ser feliz de otra forma. De una manera más espiritual por estar haciendo algo que siempre había querido hacer. Quizá penséis que era algo demasiado simple y fácil de cumplir pero no lo era. Y si no lo creéis pensad en la cantidad de cosas simples que os apetece hacer al día y que no podéis hacer: mandar un mensaje, llamar a alguien, leer un capítulo de un libro, ver un capítulo de una serie, dibujar, tocar un instrumento, hacer un rato de deporte… Las sobrevaloradas aficiones del mundo actual…

Por ello os animo a que cerréis los ojos y penséis en vuestro yo más intrínseco y le preguntéis qué es lo que le haría feliz y buscad tiempo para hacerlo. Porque puede que alguien os mire con admiración. O simplemente porque puede que seáis vosotros mismos los que os miréis con admiración, y eso ya es mucho.

2 comentarios sobre “Está en ti

  1. Esta entrada es preciosa. Estoy esperando un tren mientras te leo. Y me ha emocionado leerte. No te lo había dicho antes pero tus entradas, lo que transmites, me animan a crecer. A perseguir mis metas, a buscar mis sueños, a admirarme a mí misma más de lo que lo hago. En mi caso no en el terreno profesional pero sí en muchos aspectos personales. Los más importantes al fin y al cabo.

    Y me haces pensar en el tren que espero sentada en este apeadero alejado del mundo. En el destino al que nos llevan los trenes que tomamos y los que dejamos pasar.

    Algún día quiero sentirme orgullosa de tener repente de mí un par de ojitos inocentes mirándome con esa admiración de la que hablas. Esos momentos son los que le dan sentido a toda nuestra existencia.

    Gracias, Noah.

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