Bendita culpa

Al habla Noah.

El otro día me comí un gofre recubierto de sirope de fresa, nata y bolitas de azúcar de colores (las cuales no acierto a saber si tienen un nombre en concreto). Mi marido me lo preparó, me lo trajo a la mesa y no supe decir “no”. Mejor dicho, no quise decir “no”. Lo vi y la adicción al azúcar no se apiadó de mi alma, sino que, glotona y hambrienta como acostumbra, devoró aquel magnífico postre como si no hubiera un mañana. Y a cada bocado sentí una mezcla de sensaciones. Una oleada de contradicciones. Ya sabéis que me encanta la idea de “los contrarios”, de los polos opuestos que se atraen, del yin y yang… Esa increíble dualidad que hace posible un sinfín de momentos y… a ver, que por ponerme más o menos poética no voy a maquillar la realidad: me lo zampé. Con gusto, sí, pero al mismo tiempo sintiendo cierta culpa.

Y en ese momento mi marido me vio la cara. Él sonreía. Yo también, en verdad. Me estaba relamiendo de gusto al mismo tiempo que sentía punzadas de dolor en el corazón, en el alma. Y a cada bocado iba profiriendo un incontable número de quejas: “es que tiene mucho azúcar”; “es que engorda muchísimo”; y un largo etcétera de promesas: “este y no más”; “a partir de mañana, todo ensaladas”. Y entonces mi marido me dijo una sabia frase del filósofo que considero que es en muchas ocasiones, pues ilumina mi vida de claras revelaciones:

—¿Pero a que lo estás disfrutando? —preguntó sabiéndose poseedor de la razón.

A lo cual no pude más que asentir con la cabeza gacha mientras le miraba por el rabillo del ojo.

—Pues ya está— añadió él.— ¡Bendita culpa, entonces!

Y tenía razón… Bendita… Y bendita entrada de blog que me inspiró en aquel momento, porque me dio pie para reflexionar sobre la cantidad de cosas “indebidas” o “inapropiadas” que hacemos cada día y de las cuales nos quejamos; como si por el mero hecho de quejarnos mientras las hacemos pudiera restar el hecho de que las estamos haciendo. No sé si me explico…

En resumen. Que a lo hecho pecho, como se suele decir. Y que si vas a hacer algo menos bueno para ti, para tu salud o algo, bueno, a veces hay que disfrutar también, y oye, ya que estás con las manos en la masa, al menos disfruta de ese placer y no lo enturbies con vacuas quejas y fútiles promesas futuras.

*Un apunte: se recomienda leer esta entrada concreta cuando te hayas dado algún atracón en Navidad. Como que viene al caso el tema ¿no crees?

*Otro apunte: no me odiéis demasiado por la imagen de la entrada.

4 comentarios sobre “Bendita culpa

  1. Qué narices, tienes razón. Mejor no hacerlo mal, pero si se hace hay que hacerlo bien, hombre. Toma contrario.

    Me lo quedo para esas ocasiones que vienen y que sé perfectamente que no podré evitar. Benditas sean.

    Le gusta a 1 persona

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