Efecto reflejo

Al habla Noah.

Hola. Bienvenido. Aún no sé quien eres. Ni siquiera sé si lo sabré en algún momento o simplemente estás aquí por accidente, has venido de paso, has llegado sin querer  (o tal vez queriendo). ¿Has venido para quedarte? Te encoges de hombros… ¿Seguirás leyendo? Vuelves a dudar. Demasiadas preguntas se plantean cuando apenas nos acabamos de conocer. Qué difícil es y qué vértigo da… Y qué rápido podrías cambiar mi vida. ¿Nunca lo habías pensado de esa forma? Pues sí. Y quizá no tengas que hacer demasiado y baste con unos segundos.
He conocido personas que con tan solo una mirada me han gritado verdades. Y también he conocido a otras que por más que he tratado con ellas nunca he sido ni seré capaz de entenderlas.

Pero tú, recién llegado a mi vida, te diré una cosa: todo enseña, de todo se saca una experiencia. Seguramente no sabrías que tu simple visita iba a dar lugar a esta reflexión. Porque tú no podrías haber previsto que lo que para ti ha podido ser un “voy a echar un vistazo”, “voy a leer lo que cuenta esta chica” para mi ha sido mucho más.

Alguna vez me he sentado en el metro y he mirado a las personas de mi alrededor pensando: “¿serán conscientes de que un simple gesto de otro puede cambiar su mañana, su tarde o su día entero?”. Porque puede ocurrir que algo tan cotidiano como que un “qué tal” pueda despertar algo en alguien. Y no me refiero a amor. No todos es amor. Son sentimientos. Sensaciones en general. Unos días puede que ese “qué tal” no dé pie a nada, pero hoy quizá no haya sido igual. Quizá hoy algún matiz haya hecho click en la mente de esa persona.

Así que… ¿Qué decirte a ti, recién llegado a mi vida? Te diré lo que sé: no te conozco y no puedo esperar nada de ti, salvo que quizá seas el artífice de un cambio, que provoques algo inusitado, bueno o malo, da igual, pero algo. Ya lo he dicho: lo que importa es sentir y hacer sentir.
Porque quizá sea gracias a ti que descubra la felicidad o la tristeza, la admiración o el odio. No sientas demasiada presión, a veces uno no provoca esas emociones en otro de manera consciente. O a veces sí queremos provocar algo de una manera tímida, no demasiado premeditada, un sin queriendo.

Y tú dirás… Y todo este rollo ¿en qué desemboca? Pues todos los ríos van a dar al mar, y toda reflexión va a terminar en una conclusión. Piensa que cada día haces cosas y muestras actitudes ante los demás que tienen sus consecuencias por mucho que tú no las percibas. Pero claro, no puedes medir tus actos todo el tiempo, aunque sabiendo que puedes tener en tu mano el poder de cambiar la vida de alguien yo te recomendaría que sonrieras. Nunca sabes lo que tu sonrisa podría cambiar el día o la vida de otro.
Y tú ya has cambiado mi vida. Sí, tú. Tú con simplemente leer esta entrada, te conozca o no, ya has provocado algo en mí, y se llama AGRADECIMIENTO.
Por tanto, te doy las gracias por dedicar unos minutos de tu tiempo a leerme y, por tanto, a hacerme feliz.

Tal y como dice el proverbio chino: «El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo».

3 comentarios sobre “Efecto reflejo

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