Lectomanía

Al habla Noah.

Con la entrada anterior sobre las “quisquilleces” yo misma he abierto la veda… Y es que cuánto me gusta hablar de este tipo de temas… A mí al menos me pasa, que cuando leo artículos sobre manías, sobre ese pequeño lado oscuro y divertido que todos tenemos, no puedo sino esbozar una sonrisa al sentirme en muchos casos identificada con otras personas. Y lo cierto es que es por esto que siempre he querido escribir mi propia entrada acerca de esas manías, esos dejes, esas acciones inconscientes y sistemáticas que tenemos, en este caso, los aficionados a la lectura.

¡Comencemos!

  1. PECAR Y COMPRAR: Esto ocurre cuando vas a alguna tienda de libros (me encanta cuando digo tienda de libros en lugar de “librería”, es que suena como más auténtico y mágico) o algún evento sobre literatura, y, como tampoco había ese fin de semana nada mejor que hacer, le dices a tus amigos: “vayamos a dar un paseo a alguna feria y/o tienda de libros”. Pero ellos, que ya te conocen, saben cómo vas a terminar. Y tú, que sigues negándotelo a ti mismo, pues vas de verdad y con un puro sentimiento interno que se repite: “solo a dar una vuelta”. Pero siempre hay publicado algún libro de un autor que te gusta y no lo sabías; una portada interesante o un resumen poderoso que haga que, el no comprar ese libro, sea considerado por lo menos un crimen de estado. Y bueno, estoy hablando de un libro nada más en el mejor de los casos… pero… sí, tus amigos te miran con un condescendiente: “te lo dijimos” cuando acabas a manos llenas. Y tú solo puedes acertar a responder con carita de gatito de Shrek: “es que tienen muy buena pinta…”.
  2. OLER A PLACER: Con el título del apartado ya está dicho todo. Qué lector aficionado que se le precie no ha aireado las hojas de un libro nuevo y se ha deleitado con ese olor a nuevo, esa magnífica fragancia a imprenta… y le ha transportado a otro mundo aún sin haber leído una sola palabra… Si no lo habéis probado, hacedlo de verdad, es gloria bendita. Porque ya el libro una vez manoseado y abierto no tendrá ese olor a libro puro… Así que en muchas ocasiones esa “vueltecita” que te estabas dando con tus amigos, se convierte en un paseo de olisqueo placentero hasta el mismísimo clímax.
  3. TERMINAR DE VERDAD: De esto que te llaman, o que se te echa la hora encima, o que tienes que hacer algo, pero oye, que nada más que te quedan un par de páginas para acabar el capítulo. Y oye, que te vuelven a insistir, que se te va a pasar el bus… pero no, no puedes dejar un capítulo a medias. ¿Acaso hay algo más descorazonador que volver a abrir un libro y darte cuenta de que estabas en medio de un capítulo? ¡Nunca! Es como quedarse a medio orgasmo: no, no mola.
    3.1.: EL ASUNTO DEL PUNTO: Y si, a pesar de todos los esfuerzos, de verdad no puedes terminar el capítulo, al menos que quede el consuelo de que la página termina en un punto y aparte, porque eso de dejar una frase a medias, también es sacrílego.
  4. DOBLAR SIN PIEDAD: No, esto sí que es el no va más. ¿Doblar el libro por la parte que no estés leyendo para sujetarlo mejor? Mira… si es preciso me provoco un esguince de muñeca o una tendinitis crónica, pero maltratar el libro de esa forma no es normal. Eso de aprovecharse de la tapa blanda para causar tal perjuicio a la portada que luego se quede arrugada, doblada, con esa línea en el lomo que marca el principio del fin… con esa más que posible posibilidad de que se desgarren las páginas… No, no se puede vivir con un libro en las manos de esa forma. Yo es que no lo he hecho ni con los libros del colegio. Me daba igual que la mitad del libro se quedara colgando por el borde del pupitre y si no lo sujetaba bien con el brazo pudiera caerse… mejor una caída que un asesinato.
    4.1.: ABRIR Y SUFRIR: O eso que hacen algunos de abrir el libro y apretarlo para que se quede bien abierto y no se pase la página sin querer… Vamos a ver, hay que dejar un mínimo de libre albedrío a las hojas. Si se mueven, que lo hagan, que por mucho que repitamos el gesto lo único que conseguiremos es que nos duren menos. Poned el estuche encima de la hoja como mucho. Porque claro, luego lloramos cuando se nos caen las hojas a manojos y en lugar de un libro parece que llevamos una carpeta de apuntes… ¡Ábrase visto!
  5. FORRAR ES CUIDAR: Hay mucha gente a la que no le gusta que otros sepan qué libro están leyendo, y lo forran con periódicos o incluso papel de regalo; y ésta manía podría contarse dentro de este apartado de “manías lectoras”. Sin embargo, en mi caso, el hecho de forrar el libro no es para que la gente no pueda reírse al ver que estoy leyendo 50 Sombras de Grey (cuando seguro que muchos hemos pecado con ello), sino que no hay cosa que más rabia me dé (bueno sí, los 4 puntos anteriores me dan mucha rabia…) que el hecho de que las esquinitas de la portada, contraportada o las propias hojas se me doblen al meterlo en el bolso o la mochila. Es que eso de ver las esquinitas dobladas sin piedad al sacar el libro me pone… mala, mala…
    5.1: Y os podéis imaginar que, si no aguanto que las esquinitas se doblen casi sin poderlo evitar, aún menos puedo soportar quienes doblan las esquinas superiores de las hojas para marcar dónde se han quedado leyendo… Es que ese doblez es irrecuperable… Una marca permanente. Y si le dejas el libro a alguien… (Bueno, ya hablo en el punto 7 de este asunto).
  6. ANOTAR Y SUBRAYAR, MALOS POR IGUAL: Sé que no todos los libros son novelas, hay muchos otros que son susceptibles de sufrir anotaciones y subrayados, pero claro, os invito a esta reflexión: lo que hoy puedes subrayar porque te interesa, en otro momento puede no ser así, y no vas a subrayar aparte de lo subrayado, porque al final te queda todo el libro lleno de línea ¿me explico? Que puedes hacer anotaciones en un cuaderno, el móvil, tu mano… pero no en el libro. Y si tienes esa necesidad de marcar frases que te interesan ¿no sería mejor que te pasaras al libro electrónico donde anotar y subrayar no manchan?
  7. PRESTAR NO ES SECUESTRAR: Todo empieza con una petición inocente: “¿me dejas el libro unos días?” Y sin saber cómo los días pasan a ser meses, y los meses pasan a ser años, hasta que, no se sabe bien qué barrera de tiempo ha de pasar un libro para que se convierta por arte de magia en propiedad de la otra persona. Yo he llegado a veces al punto de apuntarme a quién y cuándo presto los libros… Llamadme maniática, pero bueno, de ese tema va esta entrada…
  8. ZAMPAR Y ENSUCIAR: Yo también lo he hecho, pero al ver el manchurrón de grase en mitad de una frase, o la gota de agua que arqueaba el papel, aprendí a no comer encima de un libro. Porque siempre decimos eso de: “yo controlo”, pero es difícil estar a dos bandas, comer y leer al mismo tiempo es complicado y luego pasan cosas y se ensucian las páginas o se pervierte su dulce olor.Y bueno, uhm… haciendo un repaso mental éstas son las manías más destacadas que he vivido en mi día a día con mis queridos libros.Y si alguna o varias os parecen exageradas pensad en todo lo que los libros os reportan. Devolvedles ese cariño incondicional leyéndolos mucho y tratándolos bien.

    Contadme en comentarios cuáles son vuestras manías lectoras.

    ¡GRACIAS!

6 comentarios sobre “Lectomanía

  1. Bueno, podría decirte que tengo prácticamente todas tus “manías” (a esto yo le llamo “características”) y alguna más. Por ejemplo tener varias ediciones de algún buen libro. Hay libros que, por el mero hecho de ser lo que son, tengo varias ediciones de ellos. ¿Por qué? Por los comentarios, por las ilustraciones… Siempre hay algún tipo de motivo.

    Y sí, oler un libro nuevo, sentir su tacto… es algo que pocas cosas en este mundo igualan. La maldición de ir a una librería (yo sigo prefiriendo esta palabra, que para mí es mágica) y salir con algún libro siempre está ahí. Luego se dan problemas de espacio, pero ya se solventarán… O eso dicen.

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    1. Yo creo que los amantes de los libros siempre nos apañamos para hacer hueco a un buen amigo que se venga con nosotros y decida acompañarnos y dejar su confortable espacio en la librería. A veces te ponen ojitos… esa miradita traviesa a la que no puedes decir “no”… ¿Nunca te ha pasado de tener un momento en tu vida en el que quizá acumulas muchos libros que no has leído y sigues acumulando más y no te decides al final por ninguno? ¿O incluso leer varios al mismo tiempo?

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  2. Jajaja, cómo me he reído con esta entrada. Los amantes de la lectura compartimos las mismas manías, las tuyas que son mías y de casi todos, y como ves alguna más. Yo tampoco puedo aceptar esos ataques gratuitos y descuidados hacia algo tan preciado y especial para mí como un libro. Y añado empezar libros como el que empieza una revista del súper con las ofertas de la semana y no los termina, los va dejando por ahí sin ningún cargo de conciencia y sin dedicarles el tiempo que merecen al ser abiertos por primera vez. Eso no se hace. Es como ir por la vida conociendo personas y empezando relaciones para abandonarlas al poco tiempo sin ninguna razón más allá de la vagueza y la falta de interés. Pero sin dejar de hacerlo. No, hombre, no. Para eso mejor echar un vistazo al precio de los tomates, a los libros hay que darles una oportunidad y dedicarles tiempo. Se lo merecen.

    Gran entrada.

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    1. Y justo en una entrada sobre lectura digo “vagueza” en lugar de “vagancia”, cuando la primera ni siquiera existe. Y encima este error mío me ha recordado algo que me pone de los nervios cuando leo un libro: las faltas de ortografía y de cualquier tipo. Cuando las advierto, claro.

      Y hablaba de los cargos de conciencia… Me voy con la mía a otra parte. Un saludo y buenas tardes.

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