“Quisquilleces”

Al habla Noah.

Antes de dar paso a la entrada quería aclarar el título. Sé que la palabra correcta a la que me refiero sería “quisquillas”, pero siempre que digo o leo esa palabra me viene a la cabeza directamente el crustáceo, y como que me suena raro… Así que, si la RAE se puede tomar sus licencias, yo hoy quiero aportar mi granito de arena al diccionario y voy a proponer la palabra “quisquilleces”, en referencia a esas cosas sin importancia, a esas pequeñeces que nos hacen sentir un poco… incómodos y que nos hacen a todos ser especiales. Porque…

… quien esté libre de “quisquilleces” que tire la primera quisquilla (pobrecita mía…)

¡Comencemos!

Muchas veces he hablado de que hay que tratar de disfrutar todo lo que se pueda de la vida, centrarse en las pequeñas cosas y ser felices a toda costa, pero… bien es sabido que si hay luz es porque existe la oscuridad, si hay felicidad es porque también existe la tristeza, y si hay buenos momentos es porque también los hay malos…

Decidme que no se os han quitado las ganas de seguir leyendo, por favor…

¡Pero no! Dadme una oportunidad que la cosa promete, porque como en todo, se puede sacar el lado bueno de las cosas, y seguro que tenéis, aunque a lo mejor no os hayáis dado cuenta, una lista más larga de lo que pensáis de esas pequeñas cosas que os revientan la zenitud (gran término).
Yo os voy a desvelar cuáles son las mías, desde que me levanto hasta que me acuesto en un día normal:

Llego al baño, con la legaña pegada, me desahogo bien y me doy cuenta al palpar a un lado que quien haya ido al baño por la noche ha dejado un minúsculo cuadradito de papel que no da ni para sonarse los mocos, y una, recién levantada, no tiene el humor para tales jugarretas, así que con un envidiable equilibrio busco un rollo de papel decente mientras me guardo la rabia hasta que ésta pueda ser desahogada en el supuesto culpable.

Después voy  a desayunar, en verano, con un notable calor ya desde buena mañana, y yo, personalmente, odio la leche caliente. Abro la nevera y veo, o mejor dicho, no veo el brick de leche… Voy a tener que tomarme la leche del tiempo que no es más que agua chirri… ¡Con las ganas que tenía de un vaso de leche fresquito! (¿O un vaso de leche fresquitA? Uhmm… dadle vueltas al asunto ortográfico…)

Y mientras tanto, mi rabia continúa acumulando culpables…

Después toca prepararse y rezar por no coincidir con algún otro miembro de la familia en el baño, pues la aplicación de móvil bendita pone que el autobús pasará en 15 minutos. Y yo siempre que pienso que tengo tiempo acabo saliendo corriendo, sudando el pelo limpio y llegando con desazón a una parada de autobús que se acaba de quedar vacía, con un conductor que finge no haberme visto al mismo tiempo que arranca ufano y yo rozo la victoria con los dedos, para descubrir de nuevo en la aplicación que faltan 20 minutazos para el siguiente autobús. Y rezo por que, al menos, haya sitio para sentarse, pero no… Y seguro que habrá atasco y yo estaré de pie todo el trayecto mientras observo la hipocresía del autobús en el que la mayoría de la gente cae en fase REM mientras ancianos y embarazadas permanecen en pie… (que me ha pasado).

(Es que me pongo mala…)

Tras haber puesto a prueba mi encomiable paciencia, toca una consulta del médico a la que, a pesar del retraso del transporte, he llegado con tiempo… Con tanto tiempo que el médico acumula una hora adicional de retraso. Y a pesar de que comprendo que los médicos son seres humanos que tienen que descansar, da una rabia muy grande ver que solo había un paciente delante para que me toque y justo tras haber terminado con él de comienzo su descanso… Y… ¡anda! con las prisas no me he dado cuenta de coger un libro… Bueno, siempre me quedará el móvil con la batería temblando en un desazonador color naranja… ¡Maravilloso!

Y esto ha sido nada más que la mañana, la primera parte del día, un principio del día plagado de quisquilleces… Y podría extenderme con el resto del día que también tiene lo suyo, pero no sé qué tendrán las mañanas que si ya algo te revienta el karma no hay quien se recupere para el resto de las 24 horas, y por ende todo va cuesta abajo…

Os pregunto… ¿soy demasiado “quisquilla”? ¿Coincidís conmigo en alguna de mis quisquilleces? ¿Qué cosas son las que os revientan las mañanas?

Respondedme en comentarios y decidme si queréis que siga con la tarde y la noche y sus quisquilleces.

¡Gracias!

 

2 comentarios sobre ““Quisquilleces”

  1. Por supuesto que quiero que sigas con tus “quisquilleces”.

    De cualquier manera debieras tomarte la vida de una forma un poco más relativa. Por ejemplo yo suelo levantarme con más antelación de la necesaria. Así puedo permitirme el lujo de salir al trabajo cuando lo creo conveniente y nunca ir con prisa. Mira el tiempo como algo que fluye. Lo que tenga que ocurrir, ocurrirá.

    Y no, si hay felicidad no es porque exista la tristeza. Eso equivaldría a que si existe el bien es porque existe el mal. Hay momentos felices y momentos que no lo son tanto; hay momentos neutros (la mayor parte de ellos) y algún momento triste pero la tristeza no posee existencia como la felicidad tampoco lo hace. Sólo son estados de ánimo pero uno no implica el otro.

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  2. Estoy de acuerdo con el comentario de Bonastruc, y también contigo. Comprendo ambas opiniones y pienso que una postura u otra pueden convivir según el momento de la vida en el que te encuentres. Yo he tenido los dos puntos de vista en diferentes ocasiones.

    Y sí, muchas veces esas quisquilleces consiguen condicionar el resto del día, pero es muy gratificante ponerse por encima de todas pequeñeces molestas y no dejar que arruinen un día que puede terminar muy bien. Al final, por la noche, es muy satisfactorio ver que te has sobrepuesto y has disfrutado del resto de momentos que quedaban. A menudo no somos capaces y todo va cuesta abajo, pero en realidad lo fácil es que vaya a mejor. Y eso ya depende sobre todo de nosotros.

    Aunque también necesitamos permitirnos nuestros días de mierda, para qué nos vamos a engañar. A veces hasta nos gusta recordarnos en nuestros cabreos como un perrillo en el barro. Y tampoco pasa nada oye 🙃.

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