Un billete de vuelta a verte

Al habla Noah.

Aquí os traigo otra entrega de: “Experiencias para-normales Capítulo II”.

Nada más escuchar su voz lo recordé: era él. Aquel hombre del andén.

¿Qué pasó para que volviera a escucharlo? Que perdí un billete de autobús…

Me suele pasar mucho que creo que voy con tiempo a los sitios, me preparo con mucha parsimonia y después me come el tiempo. Pues aquel día me ocurrió más de lo mismo, que al final tuve que salir de casa a las prisas. Me aseguré de que llevaba todo lo necesario en la mano: móvil, con mi llamativa funda amarillo-pollo, y el billete de autobús. Cerré la puerta de casa con llave y me metí el billete en el bolsillo de un pantalón que no sabía lo estrecho que me quedaba hasta que vi el autobús a lo lejos y tuve que ir corriendo a por él. ¡Menudo sufrimiento! Me constreñía tanto las piernas que apenas podía circular bien la sangre que demandaba aquel sprint.

La puerta se abrió ante mí, eché mano al bolsillo para coger el billete y… ¡oh mi sorpresa! el billete ya no estaba allí. El conductor del autobús que tan amablemente me había abierto la puerta en el último momento, comenzaba a impacientarse. Le di las gracias con toda mi vergüenza haciendo acto de presencia en mi cara, y bajé los dos escalones que había subido para quedarme en la calle buscando el billete como una loca. Parecía un perrillo sabueso buscando el rastro de un animal: estaba desesperada. Os preguntaréis… pero si tampoco es para tanto: pagas otro billete y listo. Pero es que aquel billete que había perdido era uno de 10 viajes nuevecito que me acababa de comprar mi padre, y a ver con qué cara iba yo de nuevo a él a pedirle otro… Pues… como que no. Dinero tirado y tiempo en descuento. Ya era definitivo: iba a llegar tarde a la quedada con mis amigos.

Iba a avisar por el móvil de mi circunstancia, cuando en ese momento vi en la pantalla que me llamaba un número desconocido. Respondí de inmediato y escuché la voz de un hombre de mediana edad.

— ¿Estoy hablando con…?

Sí, dijo mi nombre y apellidos perfectamente, pero eso no fue lo que me sorprendió. Lo que me cortocircuiteó el cerebro fue la voz, esa voz ya la había escuchado antes y no me había dejado indiferente.

Tardé en reaccionar y responder a sus preguntas, pues no podía parar de darle vueltas al quién y dónde. En cuanto caí en la cuenta, él prosiguió:

—Vale, menos mal que eres tú. Es que mira… sé que has perdido un billete de autobús y yo lo he encontrado.

Enmudecí y un aluvión de preguntas comenzaron a materializarse en mi mente. ¿Cómo sabía que había perdido un billete? ¿Cómo había conseguido mi teléfono? ¿Por qué aquella voz era exactamente igual a la del hombre que encontró mi móvil en el andén de la estación? Una vez más tuvo que ser él quien continuara la conversación:

— Mira, es que voy en coche y voy a pasar por donde vives en unos minutos. Te lo digo por si quieres que me pase por tu casa y te dejo el billete.

Y otra pregunta más: ¿cómo sabía dónde vivía?

— Ehm… bueno… es decir… vale… supongo. Sí. ¿Le digo la dirección? — balbuceé aturullada.

—No te preocupes, ya sé dónde vives. En cinco minutos nos vemos en tu portal.

Y mis pies pusieron rumbo a mi casa mientras yo trataba de asimilar aquella extraña situación. La pregunta que más ansiaba responder era la de si se trataba de él, de aquel hombre del andén…

Me planté rápidamente en casa, pues la distancia que la separa de la parada de autobús es muy corta, y me quedé en el portal yendo de un lado para otro muerta de la impaciencia y la intriga. No encontraba ningún típico de explicación lógica a lo que estaba ocurriendo.

De repente subió por la calle un elegante y brillante coche negro. No sabría decir de qué marca, el tema de los coches se me da bastante mal, pero la pinta que tenía era de ser de gama alta. El coche se plantó ante mí. La ventanilla del asiento trasero de los acompañantes que daba en mi dirección se bajó lo justo como para que asomaran un par de dedos que sostenían un billete: mi billete. Fui a cogerlo muy lentamente, más pendiente en tratar de vislumbrar al dueño de dichos dedos y resolver alguno de los numerosos enigmas, pero no acerté a ver más que una coronilla calva.

En cuanto cogí el billete el coche arrancó. Nadie dijo nada. Nadie me dirigió la palabra y yo me quedé con mil colgando de los labios…

Siempre me quedaré con la duda razonable, aunque siempre que recuerdo este suceso mi corazón me responde que sí era él, que yo tenía razón.


Canción:

2 comentarios sobre “Un billete de vuelta a verte

  1. Era él.

    Esta historia me pone los pelos de punta. Aunque por otra parte me resulta tranquilizador el hecho de que las dos veces que el hombre apareció en tu vida fue para ayudarte, y además en el momento justo, como un ángel de la guarda muy real. Me pongo en tu lugar y me volvería loca de dudas, enigmas, misterios sin explicación aparente o razonable…

    Pero tengo la sensación de que esa no fue la última vez. Estoy deseando saber más, como ya te dije en el primer capítulo de esta serie soy fan total de esta sección. Quiero más.

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