La vida color Escarlet

Escarlet al habla.

ACTUALIDAD

Y en ese momento sentí como si me despertase de un sueño. Miré a mi alrededor y ya no me rodeaba aquel cielo violeta, sino una pequeña habitación poblada con estanterías plagadas de libros. Ya no tenía frente a mí a Violeta y Gorca, sino un escritorio sobre el que reposaba un antiguo reloj que me martilleaba con su repetido tic-tac y un pequeño jarrón con unas flores de lavanda. Al otro lado del escritorio se encontraba sentado un hombre de mediana edad, calvo, con barba incipiente y cierta barriga que incluso llegaba a asomar por encima de la mesa. Él me observaba por encima de la montura de unas diminutas gafas con mirada seria, concentrada y preocupada. Llevaba una camisa blanca y una chaqueta de punto que no le hacía ningún favor, pues le echaba encima unos diez años más.

Me miré las manos y era casi lo único que reconocí familiar en aquel momento, pues me temblaban con el mismo nerviosismo que en aquella noche de febrero. Ambas estaban sosteniendo un cuaderno. Bajé la mirada y reconocí mi letra en la hoja. Había un texto escrito con algunos tachones, flechas y rectificaciones. Me centré entonces en el título que rezaba: «Noche color Violeta (Parte V)». Volví a alzar la mirada, la cual se topó con la del hombre que no la había apartado de mí ni un instante.

—Repito… ¿Por qué lloras Escarlet? —insistió en preguntar aquella voz cuya procedencia ya conocía.

¿Acaso era cierto? ¿Estaba llorando? Quise comprobarlo por mí misma y me toqué las mejillas notando la humedad que había en ellas. Todo volvió a cobrar sentido.

—Fue un momento muy duro… Sentía que iba a perder a mi amiga, que todo iba a cambiar entre nosotras —respondí con pesar.

—Por supuesto. El primer amor puede provocar incertidumbre y las amistades se tambalean —afirmó imprimiendo cierta delicadeza en su tono su voz.

—Pero yo sé que ella volverá. Es lógico que, estudiando en lugares diferentes, nos distanciemos un poco… —alegué con un deje de temor en mi expresión.

—Claro. Todo volverá a su cauce —dijo aclarándose la voz. —¿Y Leonardo?

—Es agua pasada. No es un chico normal, eso está claro, y sus padres no me quieren con él. No estoy a la altura de sus… posibilidades… Ya me entiendes… —dije dejando la frase a medias sin querer dar más detalles dolorosos para mí.

—¿Y tú cómo has encajado esta ruptura, Escarlet? —preguntó al mismo tiempo que cruzaba una pierna sobre la otra.

—No se puede romper lo que nunca ha estado unido. Nunca ha habido nada realmente. Yo quise creerlo, pero no fue así. Sólo he perdido el tiempo —dije resignada y con tristeza.

—No pienses eso, piensa que…

—No es tiempo perdido, es tiempo aprendido, ya lo sé —le interrumpí de mala gana. — Aun así preferiría no haberme cerrado puertas con otras personas. Pero bueno, ahora en la universidad será como volver a empezar y conoceré gente nueva, chicos nuevos…

—Ésa es una forma muy positiva de afrontar tu realidad actual, Escarlet. Me gusta tu actitud.

Permanecí un momento en silencio mientras cerraba el cuaderno con parsimonia y me quedaba mirando la portada en la que destacaba un gran título: «Sobre todo y para nada».

El hombre, como no, se dio cuenta de lo que estaba mirando.

—Ese título miente en parte—dijo interrumpiendo mis pensamientos. —Es cierto que es sobre toda tu vida, pero si es para algo. Por eso te pedí que fueras escribiendo todo lo que más te ha marcado en la vida, para que te dieras cuenta de que tus vivencias y experiencias te han hecho ser como eres, tanto en lo bueno como en lo malo.

—¿Y para qué ha servido escribir todo esto? ¿Para lamerme mis heridas? —pregunté un tanto molesta.

—No. Para aprender del pasado y dejarlo reposar, como un libro que te acabas de leer y del que has sacado una enseñanza. No hace falta que lo vuelvas a leer, pero siempre lo podrás tener en la estantería para rememorar.

—En eso estoy de acuerdo. Sí que he aprendido algo. Me he dado cuenta de que he mirado mucho la vida a través de cómo me la pintaban los demás. Así que a partir de ahora pintaré la vida de color Escarlet.

Entonces alcé la vista y miré en dirección a la ventana del despacho que se encontraba tras el hombre. Y fue como si los volviera a ver a través de la ventanilla del coche de mi padre. Gorca y Violeta, los dos juntos abrazados en aquel banco. Y sólo esperaba que él la cuidara y la quisiera tanto como yo…

FIN DE LA PRIMERA PARTE DE “LA VIDA COLOR ESCARLET”

Canción: Celia Cruz (1998) La vida es un carnaval (CD) Mi vida es cantar.

 

2 comentarios sobre “La vida color Escarlet

  1. Oh, madre mía. Esto no me lo esperaba y me ha pillado completamente desprevenida. Así que la vida de color Escarlet… Como este blog, que trata sobre todo y para nada… Qué conjunto de cosas y conceptos tan interesante y tan bien unido. Si hasta ahora estaba enganchada a esta historia, ahora ya no tengo vuelta atrás. Este final de temporada sólo puede ser el comienzo de un recorrido que no quiero perderme. Quiero acompañar a Escarlet y ver la vida desde su perspectiva, desde su color. Con ella no es posible arrepentirme. Quiero ver cómo se pinta la vida como ella quiere. Escarlet, yo voy contigo.

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    1. Al habla Escarlet. Muchas gracias Nerea por todas las palabras que les dedicas a los capítulos de mi historia. No hay nada que más me ayude que sentirme tan querida. A mi regreso el enfoque de mi historia habrá cambia pero seguirá teniendo tinte escarlata. Y el martes que viene aún podrás ayudarme más aún con tu comentario. Un saludo y gracias!!

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