Castillos en el aire

Al habla Noah.

Alguien, a quien considero muy sabio, me dice muchas veces tres palabras que me resultan tan lógicas como demoledoras: «hechos, no palabras». Y es cierto. El ser humano vive, en numerosas ocasiones, de castillos en el aire o del cuento de la lechera. Las palabras nos encandilan, pero los hechos las deberían sellar. Sin embargo, si no hay sello la carta no llega, el mensaje se pierde y las palabras desaparecen y no valen.

¿Por qué solemos dudar de quienes nos dan su palabra? Porque no sabemos qué valor le confieren a esa palabra. Porque las palabras son armas de doble filo. Por un lado de su hoja brillan mientras el otro lado se mantiene oculto, sin revelar sus intenciones. Dudamos de la palabra de los demás porque el vivir nos ha enseñado que la sinceridad y la moral son escasas. Es un virus del ser humano que nos va contaminando y acabamos prometiendo la luna para solo dar la tierra.

Yo creo que para poder ir del dicho al hecho hay que conjugar la sinceridad con la moral.

La sinceridad, por su parte,  es difícil de gestionar. Muchos la piden, en cambio, no está hecha para todos. Ni siquiera sabemos ser honestos con nosotros mismos. Y de esta forma, ¿cómo vamos a serlo con los demás? Nos resulta tan difícil decir no… Nos resulta tan tentador hacernos ilusiones… Porque realmente somos adictos a la felicidad y decimos lo que sea para prolongar esa dicha.

Por otra parte, la moral se ha convertido en un bien escaso y tan subjetivo que muchos presumen de ella. Pero ya se sabe…dime de qué presumes y te diré de qué careces. Tener unos principios de cimientos férreos en una sociedad que se tambalea es, sin duda, todo un reto.

Y así somos. El humano contradictorio cuyo afán de complacer es más grande que su voluntad de llevar a cabo su compromiso. Nos encanta engañarnos y contarnos cuentos…

Fácil es decir, fácil es prometer. Difícil es cumplir,  difícil es hacer.

¿Qué opináis de la reflexión? ¿Creéis que prometemos mucho más de lo que luego cumplimos realmente?

Deja tu comentario con tu opinión.

Canción: Celtas Cortos (1991). Cuéntame un cuento. [CD]. Cuéntame un Cuento. Warner Music Group.

 

5 comentarios sobre “Castillos en el aire

  1. Así es, si hiciéramos todo lo que prometemos o decimos hacer, los resultados se verían muy fácilmente. Creo que no es que nos guste la felicidad verdadera, le tememos; somos más bien catastrofístas. Sino mira porque triunfan tanto las pelis de violencia y catástrofes. Si le pones una de un santurrón, no tiene gracia. No nos la creemos de que somos más de lo que vemos y desde esa desidia, todo da igual, sin fe ni esperanzas. Solo es una parte de mi opinión, coincido en la mayoría de las reflexiones que has hecho. gracias un saludo JP.

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  2. Y es que las palabras se las lleva el viento. Esta frase la digo yo mucho, muy parecida a la que te dicen a ti. Estoy totalmente de acuerdo con tu reflexión, por desgracia se promete muy fácilmente sin que haya un compromiso real que haga cumplir esa promesa. Estamos llenos de buenas intenciones que sólo se quedan en eso. Es como lo de “No me quieras tanto y quiéreme mejor”, las palabras bonitas pierden todo su valor si los hechos no las corresponden. Es difícil poner todo el esfuerzo y dedicación necesarios para cumplir lo que queremos, pero merece mucho la pena y si no se está dispuesto vale más callarse, y no hacer castillos en el aire. Porque aunque atrayentes, son tan efímeros que desaparecen sin haber existido de verdad.

    La imagen, preciosa. Creo que es la forma más hermosa de representar algo que no suele ser tan bueno.

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    1. Prometer es gratis, pero incumplir sale caro. A veces somos más felices creyendo que lo podemos ser que cuando realmente lo somos. Pues, deseosos de tener más no somos capaces de valorar el momento presente en el que sentimos felicidad.

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  3. Hace mucho, mucho tiempo que pienso que las personas no tienen en cuenta su palabra. La antigua sociedad tenía muchas imperfecciones pero poseía una cosa: el sentido del honor. Es el pensar que tu palabra vale, que es la que dice la clase de persona que eres. La sociedad actual ha perdido ese sentido. No le damos la menor importancia a mantener lo que decimos, lo que provoca que no reflexionemos antes de hablar.

    Hace un par de años alguien me ofreció un empleo. Le comenté que ya había recibido unos días antes una oferta de otra empresa y que la había aceptado. Intentó insistirme. Ante ello le repliqué que yo ya había dado mi palabra. Me felicitó por saber mantenerla. Eso me llenó de orgullo.

    Con respecto al amor, recuerdo que mi difunta abuela, que era tremendamente sabia, un día me dijo: “hijo, menos queridos y más hechos”. Tenemos la insana costumbre de no parar de decirle “te quiero” a nuestra pareja pero a la hora de la verdad el velo se levanta y se descubren todas las vergüenzas.

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