Príncipes que salen rana (Parte I)

Viernes 14 de febrero de 1997

Escarlet al habla.

La vida se basa en querer lo que no podemos tener o lo contrario de lo que tenemos. Cuando somos pequeños añoramos ser mayores para poder hacer todas esas cosas de las que nos vemos privados por la edad. Cuando vamos cumpliendo años desearíamos ser mas jóvenes para poder hacer locuras y vivir la vida en su plena intensidad. Cuando tenemos muchos planes tratamos de buscar excusas para quedarnos en casa holgazaneando, mientras que cuanto más tiempo estamos en casa más excusas nos inventamos para poder salir. El inconformismo es parte de la esencia del ser humano…

… Y en esas me vi yo a los ocho años, jugando a ser mayor echándome ya un novio. Pero es que la gracia que eso despertaba tanto en pequeños como en mayores no hacia sino aumentar nuestras ganas de seguir adelante con aquello que, como tantas cosas, empezó siendo un juego.

Todo comenzó en un San Valentín. Éramos los dos alumnos más aplicados de la clase. Los que hacíamos siempre los deberes, los que salíamos siempre a la pizarra… En definitiva, los que apuntábamos maneras para ser tildados en un futuro cercano de: empollones. Ambos nos mirábamos, nos sonreíamos… Sí, ya nos sabíamos parecidos y había algo que nos atraía. Pues aquel 14 de febrero el chico en cuestión, Leonardo, se presentó con un regalo para mí, no muy grande, mal envuelto, pero especial, el osito de peluche más suave y más bonito que había visto nunca. Y cuando todos fueron testigos de ese momento, a ojos de ellos la relación estaba más que clara. Todos lo dijeron y ambos, sin mediar palabra, lo dimos por hecho. Éramos demasiado pequeños, ni siquiera sabíamos de qué iba aquello, pero nos gustó interpretar aquellos papeles. Era como jugar a papás y mamás pero más real. Nos hacía sentir mayores, al menos a mí sí. Y no sólo eso, me hacía sentir importante y destacaba para bien en un colegio en el que sólo sobresalía por ser excesivamente aplicada, lo cual no resultaba ser positivo.

Y así comenzó aquel juego. Y así comenzó el principio del caos. El problema no fue que todo el mundo lo diera por hecho, sino que él no lo debió de entender.

Al año siguiente yo fui preparada y le llevé un regalo por San Valentín, el cual me costó la supervisión y cotilleo de mi querida madre… Así que excuso deciros que para mí tenía doble mérito. Y él no me decepcionó, pues también tenía preparado el consabido regalo. Pero, y tal y como dije en la introducción, el inconformismo siempre está ahí, al acecho, y yo no quería una relación basada en regalos. Pero él, claro, seguía sin entenderlo… Y los años comenzaron a pasar y yo cada día me sentía más dependiente de ese osito de peluche…

Continuará… el martes 23 de enero…

 Canción: El Canto del Loco, (2003). Una foto en blanco y negro. [CD]. Estados de ánimo. BMG Music Spain, S.A.

2 comentarios sobre “Príncipes que salen rana (Parte I)

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