Vamos a contar mentiras, tralará

Al igual que llega un día en que te das cuenta de que los padres te han estado ocultando grandes verdades, llega otro momento en que se te cae la venda de los ojos y te das cuenta de que, en general, las personas mienten, por muchas razones, pero lo hacen, lo hacemos constantemente, y en ocasiones por pura tradición. Sí, es cierto, mentimos por tradición y por convención.

De hecho, lo hemos estado haciendo desde tiempos inmemoriales y había algo en cada uno de nosotros que nos lo decía, que nos hacía olernos el pastel, pero nunca lo habíamos sacado a la parte consciente del cerebro. Sin embargo, ese día, ese momento en que todo se clarifica en tu mente acaba por llegar, y te das cuenta de todas esas pequeñas mentiras.

CLÁSICOS DEL MENTIR TRADICIONAL

Momento: en la tierna infancia.
Mentira: «No duele. Es un pinchazo de nada.»
Origen: un clásico de los padres.

Descripción: Yo siempre lo he dicho y nunca he tenido problemas en confesarlo. Yo soy lo que comúnmente se conoce como una debilucha. A mí me soplas y me sale un moratón. De hecho, mi cuerpo está tan mal hecho que me ocurren cosas ridículas. Por ejemplo, me destapo en mitad de la noche, me recorre el cuerpo (sobre todo en invierno) la típica brisilla fría que se cuela por el edredón, y me pongo a estornudar como una loca y ya no puedo dormir. O salgo a la calle, me llega un rayo de sol y también me pongo a estornudar. O me depilo las cejas y me pongo a estornudar. El estornudo para mí es la respuesta para todo. Mi cuerpo se defiende de esa manera tan triste, estornudando. Pues claro, imaginaos cómo se me podía poner el brazo tras una vacuna… parecía un tríceps hipertrofiado. Y salía de la sala del médico con una tremenda decepción. Uy que no dolía…

Momento: a lo largo de la infancia.
Mentira: «Pero qué dibujo tan bonito.»
Origen: recurso de emergencia del adulto medio.

Descripción: Cuando vives en el infantil mundo de arcoiris y unicornios en el que cualquier cosa que haces y dices tiene sentido, es difícil imaginarse que un dibujo propio sea feo. Pero cuando pasa el tiempo y ves carpetas llenas de ellos y tratas de adivinar qué se escondía ahí, tu ya cuadriculado cerebro adulto no llega a comprender esa realidad que parece extraterrestre. Me maravilla ver cómo los adultos tratamos de buscar sentido a los dibujos de los niños. Porque no puede pasarte nada peor que el hecho de que un niño te enseñe un dibujo y te pregunte: «¿sabes lo que es?». Y para no decepcionarle, pero al mismo tiempo no mojarte en una respuesta que realmente no tienes, lo observas, lo giras, lo vuelves a girar y lo único que se te ocurre decir, porque es lo único que puede salvarte es: «pero qué dibujo tan bonito has hecho». El niño se queda feliz, pero tú sabes que es más difícil saber que hay ahí que en un dibujo abstracto.

Momento: yendo de vacaciones.
Mentira: «Ya estamos llegando»
Origen: recurso del impuntual.

Descripción: A lo largo de mi vida he comprobado que sea cual sea la circunstancia en la que se circunscriba dicha frase, la meta, por así decirlo, aún está en Mordor a la izquierda. De hecho, la lejanía del lugar es directamente proporcional al número de palabras que utilicemos para describir el tiempo de llegada. Me explico. No intentemos maquillar la realidad. Un «estamos yendo/llegando»; «vamos de camino»; «nos queda nada» es sinónimo a: «tómatelo con calma porque la cosa va para largo». Sin embargo, un: «llegamos«; «aparcamos»; «vamos», suenan a gloria bendita. ¿Y el porqué de esto cuál es? Pues está bastante claro. Cuanto más tiempo tienes para escribir más te explayas. Y cuando estás llegando de manera inminente, momento en que lo que haces es buscar con la vista a la persona con la que has quedado, no te dedicas a ponerte a escribir el Quijote.

Momento: en Navidad.
Mentira: «Los Reyes, el ratoncito Pérez y un largo etcétera de seres mágicos que son los padres.»
Origen: toda la sociedad.

Descripción: Ufff… momento peliagudo. Cuantas hadas mueren cada año por tamaña desilusión… Ese momento en el que puedes llegar a pensar: «ahora entiendo por qué no me trajeron aquella consola». Pero eso no sirve de consuelo ni de lejos. Porque te das cuenta que el mundo de la magia se desmorona, la ilusión se tambalea y te arrancan la venda de la inocencia. Y entonces llega esa gran pregunta: «¿y el año que viene qué?».

Momento: tras alguna competición o concurso en el que has perdido.
Mentira: «Lo importante es participar.»
Origen: frase-tópico para animar.
Descripción: 
seamos claros. Participar no es que esté bien, es que es una apuesta necesaria y es un riesgo que tienes que correr para poder llegar al triunfo. Así es, sin más. Porque ganar es lo que vale la pena. Que sí, que se aprenden cosas, que se interiorizan valores, que hay que saber perder… Pero en este mundo, desgraciadamente, sólo ganar es lo que cuenta.

Momento: adolescencia.
Mentira: «Yo a tu edad no hacía eso…»
Origen: argumento de autoridad de los padres.
Descripción: 
hay un momento en la vida en que ves a tus padres como grandes seres superpoderosos y, sobre todo, perfectos. Por lo tanto que te digan que ellos no hacían algo que tú sí has hecho, te cae como un jarro de agua fría. Y ellos lo saben, y usan ese argumento a su favor hasta que se agota el día en que el mal hijo les responde: «ya claro, pues a mí me han contado que sí…». Y los padres se echan a temblar porque saben que aquel niño ha dejado de serlo.

Momento: cuando te dan la opinión sobre otra persona.
Mentira: «Parece/es majo».
Origen: recurso comodín para todos.

Descripción: Lo cierto es que la palabra majo, tiene que sentirse muy miserable, pues siempre se utiliza en momentos comodín y como eufemismo claro de que en realidad esa persona no te gusta una mierda. Si escuchas majo… échate a temblar.

Cuando me di cuenta de todas estas verdades algo cambió en mí, y supe en ese momento que había empezado a crecer. No es que nunca hubiera dejado de hacerlo, pero estaba creciendo de verdad y pasando a una nueva etapa…

Canción: Grupo Encanto. (2013). Vamos a contar mentiras. (CD) Un mundo de canciones. Nueva York (EE.UU) Legacy Recordings.

 

 

 

2 comentarios sobre “Vamos a contar mentiras, tralará

  1. Jajajaja, madre mía, qué razón tienes. Este tema me ha hecho reírme con ganas, mira que somos mangantes a veces. Es curioso que una de las peores facetas del ser humano sea precisamente una de las que no se aprenden, sino que nacen con nosotros. El ser humano empieza a mentir de pequeño por iniciativa propia porque intuye que evitará un problema, sin necesidad de que nadie le haya mostrado que existe la opción de no ser sincero. Qué rabia me da esto. Además cuando crecemos pocos decidimos ir con la verdad por delante. Somos una especie defectuosa, coñe 😅.

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    1. El tema de la mentira es sangrante en algunos terrenos. Lo más preocupante es que ya nos hayamos acostumbrado tanto a ello que ni nos demos cuenta de todas las “mentiras populares” que nos rodean. Por eso, creo que de vez en cuando no está de más reflexionar sobre ello. Aunque sí, también opino que es difícil evitar del todo la mentira, pues es algo intrínseca del ser humano.

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