Mi Big Bang chof

Sábado 5 de septiembre de 1992

¿Nunca os han preguntado cuál es el primer recuerdo que tenéis de vuestra vida? A mí sí. Y siempre he respondido lo mismo. (Aunque realmente sería preocupante si la respuesta hubiera ido cambiando. Habría representado o un claro problema de memoria, o una cierta inclinación por una personalidad mentirosa-compulsiva o que realmente nunca lo he tenido claro y me he ido inventando el recuerdo. Pero no es ninguno de esos casos. Así que volvamos a situarnos en la realidad.)

Efectivamente. Siempre he tenido claro cuál ha sido el primer recuerdo de mi vida. Y cada vez que lo evoco me parece como si hubiera sido ayer (frase cliché total para imprimir énfasis en la realidad de lo que se cuenta, pero en este caso cierta).

Voy a cerrar los ojos y trataré de describíroslo con el mayor lujo de detalles. Lo primero que me veo es a mí misma en una playa. Los rayos del sol calentando mi espalda y un ambiente de cargada humedad, mientras el sonido de las olas… Bah, pamplinas. Vayamos al quid de la historia.

Yo contaba con alrededor de tres años. Era verano y estábamos de vacaciones en la playa. Yo estaba jugando con un cubo y una pala sentada en una sillita. (Sí, la arena siempre me ha dado un asco tan profundo que he sido incapaz de involucrarme con ella demasiado. Siempre hemos mantenido una cierta relación a distancia muy respetuosa. Yo juego contigo, tú te dejas, pero yo no te invado con mi culo encima y tú solo me tocas los pies. Y sí, literalmente siempre me tocaba los pies…)

Hasta ahí todo iba bien hasta que decidí mirar a mi alrededor dejando a un lado la maltrecha torre del castillo de arena que apenas se sostenía por una evidente falta de agua. Y entonces me vi sola. Completa y absolutamente sola. Aunque yo más bien diría ¡absurdamente sola! ¡Por el amor de dios que os acabo de decir que tenía tres años! ¿Dónde estaban mis padres? ¿Mis hermanos? Entonces una fugaz imagen de mi padre se me vino a la cabeza. Le veía frente a mí, de cuclillas, diciéndome algo así como: “bla, bla bla, no te muevas de aquí”. Vaya, entonces me había avisado de que iba a desaparecer y me había hecho una advertencia. Pero a esas alturas de mi vida yo no tenía la suficiente capacidad de desencriptar ese tipo de mensajes y solamente veía los movimientos arriba, abajo y a los lados de la boca… Pero bueno, a lo que íbamos. Advertirle a una niña de tres años sola en la inmensidad de la playa que se esté quietecita bajo su sombrillita es como cuando le dices a alguien que no piense en elefantes y ya no puede parar de hacerlo. (Lo siento, ahora tú tampoco vas a poder dejar de pensar en ellos. Al menos son bonitos y adorables, menos cuando se vuelven extremadamente territoriales y… Bueno que no me enrollo, que vas a tener elefantes en la cabeza todo el día). Así que como buena, y recalco la palabra buena niña, con el más profundo de sus significados intrínsecos, me levanté de mi sillita y me fui alejando de mi sombrilla. Miré a mi alrededor una vez más y vi que había un corrillo de gente arremolinado en una zona de la orilla. Os lo desvelaré por el poder que me otorga que ya hayan pasado años de esta historia y os haré spoiler. Mis padres y hermanos estaban ayudando a rescatar a una persona que se estaba ahogando. ¡Chan chan! Sí. Y al mismo tiempo que ayudaban a alguien desatendían a su hija pequeña. ¡¡Bravo!! Con el paso del tiempo y cada vez que lo pienso dudo más de si mi familia realmente estaría rescatando a alguien o solo cotilleando cuales vecinos de pueblo, pues dudo mucho de su capacidad pasada para llevar a cabo ese tipo de heroicidades.

En fin, continúo. Como mi familia y la mitad de la playa estaban tan “ocupados” en aquel rescate, yo decidí explorar nuevos horizontes. Las olas al morir en la orilla abrazaban mis pies que dejaban unas perecederas huellas en la arena mojada… Qué poética me pongo de vez en cuando, pero mi situación no inspiraba nada bello. Me estaba perdiendo por la playa. Así, sin más. Recuerdo que yo estaba en mi mundo. Escuchaba a algunas personas dirigirse a mí, preguntarme dónde estaban mis padres y yo pasar de ellos. Pues recordad que yo estaba siendo una buena niña, y una buena niña no habla con extraños. Entonces, por qué no, decidí ponerme a correr. Esquivaba a los bañistas que jugaban con las raquetas y los globos de agua, pisé algún que otro castillo de arena años luz mejor construido que el mío, salpiqué a alguna viejecilla… hasta que me cansé, me quedé quieta y empecé a llorar y a llamar a mi padre. Sé que en situaciones críticas uno suele echar mano de su madre, pero la mía no era ni es de ese tipo de madres a las que puedes pedir ayuda incondicional… pero eso os lo contaré en otro capítulo. El asunto es que me empecé a agobiar y a buscar mi sombrillita con mi sillita. Y nada. Ni sombrilla, ni silla, ni papá. Un señor se acercó a mí y me preguntó si podía ayudarme. Me asusté y me puse a correr de nuevo. Y corrí y corrí hasta que un fuerte brazo me cogió por la cintura y frenó mi avance. Me corregiré. No era un fuerte brazo. A veces me gustaría poder embellecer la historia, pero mi hermano era un chaval un tanto escuchimizado. Sí, era él quien me cogió, me encontró y me echó la bronca del mes. Y digo “del mes”, porque mi padre después me echó la bronca “del año” y mi madre, como no, la “del siglo”. Y yo aún cuando recuerdo esta historia me pregunto: ¿acaso yo no tenía más derecho que ellos a echarles en cara que me habían dejado sola? Injusticias de la vida. Su mayor respaldo era que “me lo habían avisado”. (Negando con la cabeza indignada).

A partir de ese primer recuerdo nada podía ir bien, pues ya tenía la desgracia y/o la fortuna de tener la capacidad de acordarme de todo lo que me ocurría, y creedme que algunos episodios no son para enmarcarlos precisamente. Pero yo soy una buena niña y no os voy a dejar con la intriga, por eso os iré contando mi historia en otros capítulos…

Canción: Alan Menken, Howard  Ashman (1989). Under the Sea (Bajo el mar en español). [CD]. The Little Mermaid (Original Motion Picture Soundtrack). Walt Dsiney Records.

7 comentarios sobre “Mi Big Bang chof

  1. Yo los recuerdos que tengo en la playa son tragando agua por meterme cuando había oleaje y dar mil volteretas. Mi padre se reía… que majo él. Por lo menos tienes un recuerdo en la playa de tus padres salvando a alguien (sea o no sea así exactamente). Mis primeros recuerdos son totalmente distintos. PD: Que te acuerdes de algo que te pasó cuando tenías 3 años es la hostia, no pierdas el don.

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  2. ¡Oye, pues yo también me acuerdo de algo de cuando era una enana! Mi primer recuerdo es el de estar en la cuna de pie (por lo que deduzco que me metía ahí a jugar y no tanto porque la edad lo precisase, tendría dos o tres años ya) y mientras mi madre limpiaba el suelo, yo aprovechaba cada vez que se agachaba para practicar puntería con los juguetes y tirárselos al culo. He de decir que aunque empezase pronto, mi puntería a día de hoy sigue siendo patética, pero qué bien me lo pasaba oye 😂

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  3. Yo mi primer recuerdo de pequena tambien fue muy prematuro, porque todavia iba en panal, y si, tengo otalianizado el ipOd, por lo cual siempre uso la n, a lo k iba, yo recuerdo con casi dos anitos estAr en ibiza jugqndo con otro bebe rubito y tocqndole el pelo anoddada ya que to era negra de bebe y me daba mucha curiosidad, luego descubri que me hicieron una foto con el mirandonos pero se k no es un recuerdo construido, ta,bien me acuerdo de los demas ninos y de su hermqn rubita tmbien de sindrome de down que olia siempre a mantequilla y ese olor me acompanaba todo el dia

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